"Cuando todo esté perfecto, lanzamos."
¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase en reuniones interminables de planeación? La intención es buena: asegurarnos de que cada detalle esté impecable antes de dar el primer paso. Pero la realidad es que, en el afán de buscar la perfección, muchas marcas se quedan estancadas en la planificación y nunca ejecutan en el momento adecuado.
Las grandes empresas, con sus procesos de aprobación y estructuras jerárquicas, suelen ser víctimas de este fenómeno. Mientras tanto, las startups y negocios más ágiles juegan con otra carta: la capacidad de adaptarse y reaccionar a tiempo.
No me malinterpreten, planificar es clave en el marketing. Una estrategia bien definida nos da dirección, evita desperdiciar recursos y maximiza resultados. Pero cuando la planificación se convierte en un obstáculo para la ejecución, perdemos oportunidades valiosas.
Mientras una empresa grande revisa un documento por quinta vez en una semana, una startup ya está viralizando contenido en TikTok con una tendencia que desaparece en 48 horas. Mientras un equipo de marketing está esperando la aprobación de tres gerentes, otro ya publicó un contenido en tiempo real que lo posicionó como referente en su sector.
La perfección es una ilusión. Y, en el mundo digital, lo espontáneo muchas veces supera a lo producido. Un video en crudo puede generar más engagement que una producción cinematográfica, simplemente porque conecta mejor con la audiencia.
Esperar a que todo esté alineado con la visión perfecta del equipo de marketing, del CEO y de cada departamento involucrado solo hace que el contenido se vuelva irrelevante. La gente se mueve rápido. El mercado se mueve rápido. Si no nos atrevemos a lanzar, siempre estaremos un paso atrás.
Entonces, ¿dejamos de planificar? No. Se trata de encontrar un punto medio entre la estrategia y la espontaneidad. Tener un plan es esencial, pero también lo es la capacidad de adaptarnos a las circunstancias.
Algunas claves para evitar la trampa de la planificación excesiva:
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Define el 80% y lánzate: No necesitas que todo sea perfecto, sino que sea lo suficientemente bueno para salir al mundo. Puedes iterar en el camino.
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Deja espacio para la flexibilidad: Un calendario de contenidos está bien, pero si surge una tendencia que encaja con tu marca, adáptate y súmate a la conversación.
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Haz pruebas y mide: En lugar de esperar el momento ideal, prueba formatos, mensajes y enfoques. La data te dirá qué funciona y qué no.
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Crea una cultura de acción: Si tu equipo está acostumbrado a la parálisis por análisis, cambia el chip. La rapidez de ejecución puede ser una ventaja competitiva.
En un mundo digital donde todo cambia en cuestión de minutos, quedarse atrapado en la planificación es perder oportunidades. A veces, hay que dar el salto antes de sentirnos listos. Porque, al final del día, las marcas que se atreven son las que realmente dejan huella.